Por Dr. Medardo Urbina Burgos

 
Lo conocí sólo en los últimos años. Solía llegar a mi estudio un par de días a la semana y esperaba pacientemente  a la hora del mediodía. Traía en sus manos algún libro, una revista, casi siempre el diario El Sur, por el cual sentía un especial afecto, y esperaba –leyendo- el término de mi jornada matinal. Mis secretarias ya lo conocían y le tenían un sincero aprecio.  Ellas le servían un cafecito con galletas cuando la espera  se vislumbraba como muy larga o bien cuando hacía frío o llovía, ocasiones en las que solía llegar aterido de frío y mojado. Rara vez usaba paraguas. Mis secretarias lo apreciaban por su sencillez, su caballerosidad, su amabilidad y  por la nutrida gama de historias y sucedidos que solía contarles en el mesón de recepción, para alegría e hilaridad de ellas.

 

Al término de mi jornada matutina, conversábamos  brevemente sobre alguna publicación reciente, el Premio Nacional de Literatura, los trabajos de Augusto D”Halmar o de  Roberto Alifano, José Teiguel –a quien admiraba sinceramente-  Igor López  o alguno de los escritores más conocidos en la actualidad.  Y así salíamos con rumbo a “La Cocina”, aquel restaurante que queda en las inmediaciones de la Universidad de Concepción, donde solíamos almorzar.  Don Sergio Ramón  había ya interesado  en sus tertulias, al mismo dueño del restaurante, el que –no pocas veces-   al verlo llegar arrimaba una silla a nuestra mesa y se enrolaba en la conversación  centrada en las vivencias muy interesantes de Don Sergio Ramón.  Llamaba la atención su extraordinaria memoria, llena de detalles, de nombres, de parentescos, de fechas y de los diálogos de sus entrevistados, generalmente jocosos e hilarantes, de quienes recordaba con precisión entrevistas efectuadas hacía ya 30 o 50 años. Hablaba con propiedad del Concepción de los años 50 del siglo XX y del Santiago y sus personajes más prominentes en el campo de la política, el arte y la literatura de esa misma época. No pocas veces relataba sus éxitos como director de obras de teatro, su relación de amistad con el poeta magallánico avecindado en Tomé, Alfonso Alcalde de quien conocía todos los detalles de su azarosa vida y de su trágica muerte. Solía hablar con gran cariño de  quien fuera rector de la Universidad de Concepción  en el período previo al Golpe Militar, el Dr. Edgardo Henríquez Froeden, a quien lo unía un cierto parentesco. Don Edgardo, le había contado a él los espeluznantes pormenores de su reclusión forzada en la Isla Dawson con posterioridad a los hechos de 1973.  Don Sergio también nos hablaba de sus sufrimientos, persecuciones y apremios ilegítimos a los que fue sometido en aquel período de la historia de Chile, que Julio Cortázar denominó como “La Era de la Infamia”.

 

                        SERGIO  RAMÓN  FUENTEALBA  MORENO     

 

Cuya brillante trayectoria en la ciudad comienza a partir del año 1958, quedó plasmada en un número  no inferior a 200 notas periodísticas publicadas principalmente en el Diario “El Sur” y, en menor cantidad, en el Diario “Crónica”  de esta ciudad. Del mismo modo, en no menos de 13 libros  referidos a crónicas de la ciudad de Concepción,  y a una productiva trayectoria en el campo del Teatro, ya sea como actor o como formador de Grupos de Teatro y Director de los mismos.

 

La interminable  serie de crónicas escritas y publicadas principalmente en la segunda mitad del siglo XX, dan a conocer en forma precisa y, espléndidamente bien investigadas y documentadas, facetas  cotidianas, por sí interesantes, generalmente sorprendentes y a veces insospechadas del quehacer humano-artístico; teatral, musical, literario, cinematográfico o callejero penquista, conocido y seguido por el público lector, ya sea a través de la columna de su autoría o de sus crónicas individuales. Fuentealba ha usado su pluma con real maestría y calidad literaria, en temas tan trascendentes, como el efecto de los “biógrafos” en la ciudad,  el impacto a través de los mismos de la explosión de la  primera  Bomba Atómica, el término de la Segunda Guerra Mundial, la historia poco conocida de nuestros edificios más notables, el devenir de las galerías de Concepción o el deambular de personajes propios en este mundo penquista. De igual modo no queremos dejar de mencionar los más sabrosos comentarios sobre presentaciones teatrales de grandes compañías o entrevistas a notables sopranos o actrices ya sea nacionales o extranjeras que visitaban la ciudad. No puede resumirse en pocas palabras la enorme extensión de dichos artículos, columnas y crónicas publicadas por este brillante ciudadano que hoy nos deja, en el  lapso ya señalado del siglo XX.  También es fundamental señalar que  Sergio Ramón Fuentealba Moreno,  conserva resume y mantiene en sus escritos gran parte de  lo más ameno, cautivador interesante y granado de la auténtica historia de esta ciudad. Como ejemplo  mínimo debemos señalar que se conserva el Registro de no menos de  200 comentarios de obras literarias –sin contabilizar comentarios de  otras áreas del saber-  hecho que habla por sí solo de la extraordinaria productividad de Don Sergio Ramón, y de su  trascendente aporte  al conocimiento histórico de esta ciudad.

 

SERGIO RAMON FUENTEALBA MORENO,  nació en Concepción en el año 1934 y cursó sus estudios  en el Colegio de los Sagrados Corazones y en el Liceo de Hombres de Concepción. Posteriormente  estudió  Teatro en la Academia de Teodoro Lowey, en Santiago de Chile, durante los años 1955 y 1956.


Contribución a los Medios de Comunicación de la ciudad de Concepción:   

Desde el mes de Mayo de 1958, se desempeñó como colaborador permanente de los diarios de la empresa periodística “El Sur S.A” (Diarios “El Sur” y “Crónica”), actividad que mantuvo  sin interrupción hasta el mes de Mayo del año 2006.

Entre Abril de 1962 y Septiembre de 1973, es Comentarista Teatral de la Radio Universidad de Concepción y colaborador de la prestigiosa Revista “ATENEA” de la misma Universidad,  entre  1995 y  1997. Además de otras múltiples actividades culturales.


Libros sobre Memoria Regional  de su autoría, editados  a partir de 1995.     

1.    “Crónicas Penquistas”
2.    “Refrescando la Memoria”
3.    “Entre el Caracol y Chepe”( Dos ediciones).
4.    “Tomé, Mucho Paño que Contar”.
5.    “Pinceladas sobre la Tela  Regional”.
6.    “Vivido en Concepción”.
7.    “Entre el Congreso y La Moneda”.
8.    “Concepción en la Memoria”
9.    “Cuando los penquistas bailaban “One-Step” (Tres ediciones).
10.    “Concepción de Ibáñez a Ibáñez  (1927-1958)” (Dos ediciones).
11.    “Publicado en  “El Sur”.
12.    “A las Cinco en Florida”.
13.    “Lorenzo Arenas: su Tiempo y su Obra” (cuya reedición contempla proyecto FAIC del  2008).



Director de Grupos Literarios y Teatrales

1    “Grupo Libre de Arte”  ( 1952)
2    “Teatro: La Pequeña Compañía ( Concepción 1962)
3    “Teatro Universitario de Chillán” (Escuela de Agronomía de la Universidad de Concepción 1967).
4    “Teatro de la Sede Penquista de la Universidad Técnica del Estado” (1969)
5    “Teatro Litoral” (Tomé 1985).
6    “Teatro de Cementos Bio-Bio” ( Talcahuano, 1995)


Reconocimientos      

Don Sergio Ramón Fuentealba  recibe el reconocimiento de la casa edilicia y de la población tomecina, por su notable trayectoria en los campos del arte, la literatura y el teatro, cuando se le otorga el Premio Municipal de Arte   año  2003.

          
Pero este tremendo hombre de letras y de arte de esta tierra, que entregó tanto a Concepción, no tuvo el justo  y merecido premio que él anhelaba. En efecto, después de servir en el Diario El Sur durante tantos años,   el cambio de dueño del diario, significó la prescindencia de sus servicios y un mal día  Sergio Ramón quedó sin trabajo.  Su notable aporte –por otra parte-  la columna que escribía en el diario o la sección de comentarios de libros,-digámoslo claramente-  no era valorada  por el Diario El Sur  como correspondería a la calidad y a la naturaleza de su aporte, y recibía apenas  un exiguo sueldo que no le permitía vivir  dignamente  a él y a su familia.  El mismo me lo decía: “antes, cuando tenía un buen trabajo, los amigos aparecían a cada vuelta de la esquina: había abrazos y palmadas por la espalda y  -alegremente-  me invitaban a algún restaurante o a un bar cercano, seguros de que yo pagaría la cuenta. Después, cuando las cosas cambiaron dramáticamente, esos mismos amigos de antes,  se escondían cuando me veían aparecer o atravesaban la calle para no encontrarse conmigo o simplemente me daban la espalda”.

Sergio Ramón  Fuentealba me contó muchas cosas sobre su vida, buenas y malas, algunas terribles. Había incomprensiones, dramas  irrepetibles  y penosos que no comentaré en esta ocasión.  La vida es de miel y de agraz,  Sergio Ramón no fue una excepción. Prefiero recordarlo alegre, risueño, solía reír con una carcajada casi infantil ante alguna observación o dicho gracioso. Amaba a su hijo menor, lo adoraba, me hablaba de sus logros y del tremendo cariño que sentía por este pequeño. Sufría cuando no podía ir a verlo a su casa. Varias veces lloró por este y otros motivos. Un día  le hice una entrevista. Me contó toda su vida.  Cuando salimos a la calle, ya era de noche. Era invierno. Nos despedimos y él se fue caminando a tomar el bus que lo llevaría a Tomé. Iba caminando lentamente. Hacía frío. Se había subido las solapas del abrigo y se alejó  por Paicaví hacia calle Chacabuco. Iba cabizbajo, a esas alturas ya algo encorvado por el peso de los tantos sinsabores  de la vida. Me detuve  y lo ví alejarse hasta perderse de vista. Iba en silencio en medio de la niebla, y le vi perderse allá lejos, parcialmente iluminado por las luces del alumbrado público, y su figura desapareció finalmente tras una esquina,  tragado por las tinieblas de la noche.  Tal como ahora, en que lo despedimos, cuando SERGIO RAMON FUENTEALBA MORENO se aleja de las luces de este mundo. Querido amigo: no dejaremos que tu obra y la esencia de tu ser, se pierda en la noche de los tiempos.  No dudamos que tu alma está hoy en paz.

 

 



                                                                                               Dr. Medardo Urbina Burgos

 

( En representación de un grupo de amigos escritores y poetas, artistas y actores de teatro de Concepción y por encargo especial de la escritora Rocío L”Amar, Presidenta de la Sociedad de Escritores y Poetas de San Pedro de la Paz y de la poetisa Aida Ester Mora, Directora de la revista ARTEMISA)

 

Don SERGIO RAMÓN FUENTEALBA ,  falleció en Tomé el 31 de Mayo 2009  alrededor de las 09.30  de la mañana.  Sus funerales fueron el día 02 de Junio 2009  al mediodía, después de una misa oficiada en la Iglesia  Católica de Tomé. Una romería siguió sus restos hasta el cementerio, donde personeros de diversas instituciones artísticas y del área política, amigos, escritores, y familiares, despidieron sus restos con sentidos discursos. Posteriormente fue sepultado en aquella tumba que ha recibido a los grandes hombres de letras que ha acogido la ciudad de Tomé. Allí, en ese rincón del cementerio donde descansan los restos de quienes fueran sus amigos en vida; Alfonso Alcalde, la esposa de éste Ceidy y el poeta  brasileño  Tagore Biram  “el enderezador de vientos”. Todos ellos, amigos entrañables de Serio Ramón Fuentealba. Allí quedó su cuerpo, definitivamente, en ese rincón a media altura del cerro, desde donde se contempla  el apacible mar de la Bahía de Concepción,  la Isla Quiriquina, de tormentosa historia y a cuyos pies las suaves olas vienen a lamer la blanca playa.
                          




                                                                                                 Tomé, 02 de Junio de 2009

 

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