Sobre el libro de Carlos Trujillo: “Si no fuera por la lluvia”

A mediados de mayo de 2014 el escritor y poeta Carlos Trujillo, académico de la universidad de Villanova, Estados Unidos, viajó a Chile con el fin de presentar su última obra: “SI NO FUERA POR LA LLUVIA”. Milton Rogovin en Chile”, publicada por Editorial Okeldan. En coordinación con la Universidad Católica de Valparaíso y con la Fundación Pablo Neruda, el lanzamiento se efectuó en “La Sebastiana”, una de las casas que Pablo Neruda poseía en vida, situada en uno de los cerros de Valparaíso; y pocos días más tarde, Trujillo presentó su libro también en Santiago. En ambas actividades se contó con la asistencia de un público de primer nivel, que manifestó su interés en el tema con preguntas y un rico diálogo espontáneo que hicieron de los respectivos encuentros momentos muy agradables. Muy grato fue contar con la presencia de personalidades de gran renombre nacional e internacional como Delia Domínguez, poetisa nacional, mencionada en varias ocasiones en este libro y quien fuera muy amiga de Pablo Neruda. Coincidentemente, estuvo además presente el señor Alcalde de Castro, Sr. Nelson Águila, cuya administración coordinó el financiamiento de la edición de este libro.

En la ocasión, el académico, Profesor Gustavo Boldrini dio lectura al interesante y muy lúcido comentario, que por la riqueza y profundidad de sus reflexiones, damos a conocer a quienes visitan nuestra página.

Medardo Urbina Burgos


“Si no fuera por la lluvia”
El hallazgo de una confusión



comentario01En 1998, la historiadora chilena Antonia Echeñique, de visita en el Real Jardín Botánico de Kew, en Londres, de improviso dio con una pequeña galería, alejada de la principal. Se trata de la Marianne North Gallery y en ella hay expuestos 32 óleos que representan algunas especies de la flora chilena. El hallazgo causó admiración y desconcierto a la descubridora. La admiración es por la maravillosa obra; el desconcierto es porque esa obra no se conoce en Chile. De ahí nació el afán por publicar “La flora chilena en la mirada de Marianne North” (l999), una pintora inglesa que en 1884 había viajado a Chile en busca de la Araucaria araucana.

Ya que estamos en Valparaíso, es pertinente recordar otro hallazgo. El que Álvaro Jara hizo en la biblioteca de la Universidad de Berkeley. Es 1964 o 1965 y un funcionario de ese recinto le insiste día a día a Jara que debe mirar un añoso paquete que contiene fotografías de Chile. Los detalles de tal insistencia son muy sabrosos pero solo voy a contar que las fotografías en su mayor parte eran de Valparaíso y su fotógrafo era William Oliver, quien en 1860, como un “precursor de la fotografía” captó las primeras imágenes de este Puerto.

comentario02Un tercer hallazgo y su regalo estuvo más cerca de los chilotes. Se trata del libro “Gilberto Provoste (1909-1995)”. Este apareció en1997, tras la muerte del célebre fotógrafo, cuando sus hijos Nancy y Jorge contactaron a la fotógrafa Mariana Matthews “para poneren orden” ese legado histórico, hecho de cerca de 10.000 fotografías que retratan la vida socio-urbana de la ciudad de Castro y el Sur de Chile, desde l933 a l950.

En la historia bibliográfica de Chile, hay cientos de libros que primero fueron una desconcertante noticia y luego de un hallazgo, se transformaron en obras que admiramos. Es que la sensibilidad de alguien, permitió que así fuera.

Se dice que los poetas no buscan sino que encuentran. Hoy estamos frente de otro hallazgo y de otro libro. Se trata del “Diario de Viaje” del fotógrafo norteamericano Milton Rogovín, encontrado y presentado por el poeta Carlos Trujillo bajo el título de “Si no fuera por la lluvia, Milton Rogovín en Chile”, en una hermosa edición de Editorial Okeldán.

Seguramente, quién desde hoy es su biógrafo, contará acerca de los detalles de su propio encuentro con el fotógrafo y su obra. Yo me referiré a la intrahistoria del Diario de Viaje de Milton Rogovin.

comentario03En noviembre de 1966, el fotógrafo contacta con el poeta Pablo Neruda y le cuenta de sus deseos de fotografíar en Chile. Le pide que le sugiera un lugar, además de un texto que acompañe a las fotografías en el futuro y eventual libro que piensa publicar con esos materiales. Neruda es muy amable; le sugiere fotografiar en Quemchi, Chiloé, además de prometerle un escrito para tal obra.

Tras un cálido recibimiento y estadía en Santiago y otros lugares (incluso estuvo alojando en esta casa, La Sebastiana!), el norteamericano, en posesión de un básico itinerario, contactos, sugerencias sobre temas a desarrollar y, sobre todo sin saber castellano, viaja al Sur.

El Diario de Milton Rogovin en Chile comienza el 19 de enero y termina el 21 de febrero de l967. De los dos meses que tenía planeado fotografiar en Chile, solo está 13 días en Chiloé. No fueron jornadas plácidas ni de euforia creativa. Desde una lectura que asombra, uno se queda con la sensación de estar frente de un escrito hecho de enojos; todo absurdo y magnificado por desencuentros, suposiciones, malos entendidos y que fácilmente, hacia uno de los epílogos que postula Carlos Trujillo, bien se podrían entender como manipulaciones y pequeñas intrigas de parte del autor.

El origen de tales desencuentros es lo único que está más o menos claro. Aparentemente, tienen que ver con una “imaginada” y magnificada participación de Neruda en el libro que el fotógrafo quiere editar tras su trabajo; también con una cita fallida entre los dos artistas, en la ciudad de Ancud, y, sobre todo, se debería a la incomunicación total entre ellos, pues Rogovín nunca se dirige al vate en forma directa ni personal. Y sin embargo, si a artista tan ingenuamente controvertido y conflictuado, sumamos su lúcida obra en Chiloé, se estimula una reflexión tan paradojal como resonante.

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Y eso puede ser posible gracias a un libro anterior, también firmado por Rogovin y Trujillo. “Nada queda atrás”, una obra que contiene unas 45 fotografías y poemas desde la cual la paradoja comienza a hacer sus preguntas. De partida, la serenidad y lucidez de las fotografías de Rogovín no parecieran corresponder al mismo autor que anota un Diario de viaje tan tumultuoso y obscuro. Y creo que aquí reside gran parte del valor del libro que actualmente comentamos. Se trata de su capacidad de resonancia, una que se aleja de su valor como fuente posible para estudios sobre Chiloé (pues casi nada dice del archipiélago), se aleja del comentar su hacer fotográfico o de la historia local de ese momento, para invitar a pensar -en cambio- sobre la naturaleza del arte y los artistas, sobre todo acerca de esa controvertida relación que habría entre biografía y obra. Es más, muchas veces me pregunté cómo una persona tan conflictuada interiormente pudo lograr tal claridad y armonía estética.

En lo que respecta al Diario y su contraversión, desde su presentación, Carlos Trujillo trata de desmadejar y rehilar esta especie de gran sabanilla mal tejida. Felizmente, el presentador también se da por vencido y deja al imperio del necesario misterio el “que un extranjero que se sentía completamente alienado en el lugar (...) pudo enfocar atinadamente temas fotográficos que, según el mismo T., no han podido ser superados”.

Es necesario cerrar la paradoja. Si en una de sus caras, ella pide consecuencia entre la serenidad de un ámbito creativo y su obra, cabe también una contra-pregunta: ¿y si Rogovín hubiese sido un creador desde el caos que necesariamente debía hacerlo desde sus propios fantasmas cotidianos?

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Rogovín ya tiene 58 años cuando fotografía en Chiloé. No me queda claro -salvo la temática- el compromiso conceptual que tuvo con los fotógrafos vanguardistas norteamericanos tras la Depresión del 29. Walker Evans, Arthur Rothstein, Margaret Burke-White, algunos de los que retrataron la pobreza norteamericana, rebelándose contra el pictorialismo romántico. Ellos establecen una tendencia y, por otra parte, una moda. No sabemos de qué lado está Rogovín cuando, las pocas veces que habla de Chiloé o sus habitantes, conmovido, exclama “¡Pero, tan pobres!” o confiesa que le perturba muchísimo entrar a sus casas miserables. ¿Acaso no había viajado a retratar la pobreza?

Su abrupto regreso a los Estados Unidos, casi una huída, ya no será invocando su desencuentro con Neruda; sino la lluvia, las goteras en su pieza, la humedad y ¡la falta de ducha!; cosas que su biógrafo se encargará de atenuar.

17 meses después de su partida, aparecerá el tan apetecido texto de Neruda y 18 años después, se publicarán sus fotografías en libro individual.

La resonancia de “Si no fuera por la lluvia” sigue. Como temas generales me sugiere una reflexión sobre lo relativo del término pobreza, en Chiloé. También dos preguntas: ¿el exotismo de los lugares o su pobreza son en sí mismos temas fotogénicos?; y ¿cómo se lugariza el dramatismo de ese tema universal que es la pobreza?

Como quiera que haya sido todo y, a pesar de la lluvia, nos quedan la drámática y bella desnudez de los temas de Rogovin. Nos queda la información que nos dan sus fotos y las preguntas que nos plantea su Diario. Nos queda toda la realidad que permanece en las imágenes y escrito, desde la fuerza interior de los retratados y desde el desfallecimiento de su autor.

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Para terminar, hay que agradecer a la Editorial Okeldán, que hoy suma un nuevo título a su acervo bibliográfico que va más allá de ser mero listado para constituirse también como un amistoso punto de encuentro para la laboriosidad de tantos chilotes y sureños en el espacio de las letras nacionales. Por supuesto, agradecimientos a Carlos Trujillo por su perseverancia tras el encuentro del Manuscrito, su dedicación a la búsqueda de mayores referencias, su traducción y la edición de “Si no fuera por la lluvia”, el hallazgo hecho libro, que hoy cobra la importancia de ser algo que no teníamos, algo como una lluvia que no esperábamos.

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Gente en la conversación

  • Bernardino Valenzuela Diaz.

    Las cosas que hacen: la lluvia... terrible enemiga de la pobreza. El clínico ojo de un fotógrafo que ve, mas allá de lo se ve. El talento de un escritor que puede plasmar o escupir lo que llega a el, por esas cosas de la vida, que llegan a quien deben llegar. porque es en ellos donde fructifiican

  • aida

    Mi comentario no puede ser de la talla que merece todo este largo y controvertido trabajo sobre nuestros queridos chilotes, mas quisiera decir que por alguna razón misteriosa, el valor humano, la pureza de estas preciosas personas es capturada por el flash fotográfico, logrando un contraste que exal

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