GERAK MILLALONCO
UNA LECCIÓN DE HUMANIDAD

(Lectura de Presentación del libro LELBUN EN LA MEMORIA”, el día 21 de Agosto en Lelbun, Chiloé *)

“LELBUN en la memoria” se titula el libro. Su autor, el joven estudiante de Derecho de la Universidad Católica, tiene tan sólo tiene 20 años. Es un hijo de ese lugar, de esas playas, de esas pampas verdes, de esos montes, de aquellas aguas del mar interior de Chiloé, donde viven familias nativas de la etnia Huilliche. Gerak es uno de sus hijos. Gerak –nombre de origen chono que significa “Lucero”- describe en este libro, a su comunidad, a las personas que la forman, a quienes han abierto sus guardados conocimientos sobre el origen del lugar, del villorrio. El describe interesantemente, con un lenguaje sencillo y claro, - a veces poético-, la extraña forma en que se comenzó a formar el pueblo y a independizarse de Agoní, su comunidad vecina. Nos habla de aquella vez en que “los Lelbun” fueron a sepultar a uno de sus difuntos, al cementerio de Agoní, en ese tiempo el único camposanto más cercano. Gerak nos dice lo que los antiguos a su vez le han contado. Nos dice que cuando llevaron a sepultar a ese hombre de Lelbun, caminando el cortejo por la playa, durante la marea baja, se encontraron con que a la entrada del pueblo había un grupo de personas dirigentes de Agonì, que les dijeron: “¡ Llévense su muerto a otra parte, en este cementerio ya no quedan espacios para los habitantes de Lelbun!” … y los atribulados familiares y amigos tuvieron que volverse, cargando nuevamente el féretro sobre sus hombros, desandando la fatigosa caminata por la playa hasta regresar a Lelbun. Heridos en su más dolorosa intimidad, heridos en su dignidad como hombres, desautorizados para ingresar a sus muertos al cementerio, como seres cristianos… por el solo hecho de ser de apellidos nativos, de apellidos Huilliches.

Gerak dice que ese fue el inicio, ese fue el origen de una nueva forma de enfrentar la vida y la organización de la comunidad. Así surgió un líder, Don ANGEL CUSTODIO COÑUECAR COÑUECAR. Él y los vecinos se propusieron independizarse de Agoní, tener su propia iglesia, tener su propio cementerio, tener su propia escuela. Gerak Millalonco, nos cuenta cómo un grupo de estos valientes hombres fueron en bote a remos hasta Quicaví, a solicitar al curita que les autorizara construir primero un Oratorio. Fueron seis días de fatigosas jornadas, pero trajeron la aprobación de su solicitud. Se construyó el oratorio y luego la iglesia. El autor dice que cuando la iglesia de Lelbun estaba en construcción, los vecinos de Agoní vinieron durante la noche a destruirla. Al amanecer del día siguiente, los habitantes de Lelbun, observaron con tristeza los maderos de la construcción, dispersos por la playa o flotando en “la raya del mar”. Pero los vecinos de Lelbun no se desanimaron; continuaron construyéndola de nuevo hasta que estuvo casi totalmente terminada. Entonces los vecinos de Agoní vinieron nuevamente para destruir la iglesia de Lelbun, pero los vecinos de Lelbun “ se privaron” y defendieron su iglesia con palos, estacas, y hasta las cucharas de palo sirvieron para lanzárselas a los atacantes –eso dicen las mujeres- Y así, entre esfuerzos, trabajos, diputas, luchas, insultos y batallas campales, se terminó de construir la iglesia. Luego fue el cementerio, después la cancha de fútbol y finalmente la escuela. Mucho después fue el Comité Pro-Camino, y el Comité Pro-Agua, y luego una y otra cosa, una y otra iniciativa, fueron dando lugar a la formación definitiva de la comunidad.


Gerak Millalonco habla en este libro a través de la gente que entrevista. Los ancianos, los que vieron con sus propios ojos los hechos y se los relatan. El autor, reproduce cada una de las palabras de sus informantes, de la manera como ellos hablan, del modo original y típico como ellos pronuncian las palabras y eso le otorga mayor valor al libro: La Sra Efrosinia Pérez dice ( pagina 16):

“Cuando llegaron a Agoní, los lelbunes tuvieron que volverse: enterraron a ese hombre en su campo, porque en Agoní no los dejaron…Siempre en Agoní se miró en menos a la gente de Lelbun, yo creo que era por su color o quizás por los apellidos de su gente”.

Y la Sra Elba Coñuecar dice (pag.22):

”Llegaron los Agonises privaos po, con machete en mano pa que pare la construcción ¡Si que! Entonces ahí los Lelbun, nos privamos po…Hasta las mujeres que estaban cocinando se largaron a pelear, ¡les tiraron hasta las cucharas de palo! , y los carpinteros y todos los hombres, partieron con martillos, serruchos, palos y cuchillos; y las mujeres con piedras. Y como éramos más… los echamos po. Cuánto gritaban los agonises. ¡Qué sería lo que no nos dejaron dicho!“

Y así en este libro se va tejiendo la historia de este villorrio, historia en la que el autor destaca los valores humanos de sus habitantes: como la honradez, la honestidad, el espíritu de sacrificio, la voluntad de colaboración para el bien de la comunidad, o la disposición a ayudar de tal o cual vecina o vecino por su buen corazón. Pasan por las páginas de este libro, los hechos tristes de Lelbun, las peleas campales, los dramas de diversa naturaleza, pero también se cuentan los misterios, los entierros, el fantasma del perro Karbunko y de “Falucho”, y los saltos descomunales del “Chiquito Colli” en medio de los murtales, los dichos de Don Francisco Velásquez y las simpáticas historias de Tole Tavie Chacón, entre otras.

Este libro, contiene además las fotografías de la antigua iglesia de Lelbun, también de la moderna, y las imágenes en colores de los personajes entrevistados y más notables de la comunidad, que a través de este libro se hacen eternos, pues quien lea este libro ahora o muchos años más adelante, cuando quizás todos nosotros hayamos partido de este mundo… en las páginas de este libro seguirá hablando Don Angel Coñuecar, y dirá como antes: “ como un pajarito en la torre de una iglesia” la Sra. Domitila Marío, o Doña Efrosinia Pérez, Don Francisco Velásquez , o la Sra. María Elba Coñuecar. Seguiremos asombrándonos de las historias fantásticas del Chiquito Colli y nos reiremos de las graciosas historias de Tole Tavie Chacón, y de los nombres que él les puso a sus animales; con las mismas palabras que ellos utilizaron al hablar con el entrevistador: el joven Gerak Millalonco Velásquez, el talentoso autor de este libro.

Medardo Urbina Burgos
Director Editorial Okeldan

 

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