Este verano llevé a Chopin a veranear a Chiloé. Estuvo en silencio un poco más de mil kilómetros desde la partida hasta que embarqué mi auto en el trasbordador en Pargua. Recobró vida cuando escuchó a un joven exclamar:”Puchas que es linda mi tierra”.

Entendí que Chopin no podía con su infinita sensibilidad permanecer indiferente a esa voz enronquecida por la emoción y por esa mirada ansiosa que parecía querer atrapar el paisaje para no dejarlo ir jamás. Once años de ausencia, me confidenció. No sé qué le respondí, pero comprendí sus sentimientos.

Chopin pareció entender mejor que yo y no paró de interpretar su música mientras yo acortaba distancias entre Chacao y Castro. Sentí que comenzó a enmudecer a medida que el entorno adquiría una fuerza especial transmitida por los poderosos coihues y los álamos distantes semejando faros de tierra, advirtiendo que alrededor de ellos hay familia en torno del fogón, siempre encendido, cobijando la nostalgia pero también los sueños.

“… La penuria fue una costra que debía cubrirse de junquillos
cuando el ruido simplemente puede ser lo más cercano al silencio.
El infinito es un niño que sangra la noche con una rama de quila…”

(Bitácora del Cronista)

Los libros de viaje (y Guaitecas lo es) no representan una experiencia nueva en la literatura, en general; ni en la poesía, en particular. Es más, la literatura se ha nutrido y vigorizado con el aporte de muchos escritores que se han dedicado, y hasta hoy se dedican, al registro minucioso de sus periplos por el mundo entero (periplo físico, anímico, escritural).

Lo hizo Marco Polo, Colón lo hizo, los aedas con el gran Homero a la cabeza, se hicieron cargo del viaje; es decir, los escritores que tradicionalmente forman parte de las estaciones de lectura obligatoria en las que hay que detenerse para degustar de un buen libro de viaje, han fijado sus impresiones no solamente a través de la fotografía, sino por medio (y esto es lo interesante para nosotros) de la palabra escrita. Sin embargo, otros escritores y poetas, que no necesariamente efectuaron una travesía con propósitos geográficos o comerciales, poetas y escritores tan disímiles como Jack Kerouac, Constantino Kavafis, André Gide, Ernest Hemingway, y el mismo Jorge Velásquez, se han atrevido a efectuar semejante empresa que posee el doble movimiento de develamiento y recuperación.

Lugar: Museo de Historia Natural de Concepción

Fecha: 11 de Junio 2009.

          

Esta interesante actividad, enmarcada en el área de Difusión Cultural del Museo de Historia Natural de Concepción, se inició a las 19.00 horas con palabras del Profesor Franklin Troncoso Fierro, quien dio la bienvenida al público asistente, y a los expositores Dr. Medardo Urbina Burgos y Dr. José Stuardo Barría.

Homenaje a Don Sergio Ramón Fuentealba

El Profesor Troncoso, recordó el reciente fallecimiento del Sr. Sergio Ramón Fuentealba, el día 31 de mayo 2009 en Tomé, quien fuera en vida, amigo del museo y asiduo asistente a las presentaciones culturales. Troncoso dio lectura a una lista de las principales obras publicadas por Fuentealba durante su fructífera vida, destacando sus crónicas sobre la ciudad de Concepción, publicadas semanalmente en el Diario El Sur, e hizo una semblanza de su persona, de su inteligencia y de las características eminentemente humanas como su caballerosidad, su humildad y su sapiencia que siempre lo acompañaron.

Nuestra Ubicación

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